carta de la librera. Tus magnífico ojos vengativos cuando todo ha pasado, un pastiche de lujo

Le tengo cariño a Sherlock Holmes. Quizás este sea el motivo por el que solo una vez, y por motivos ajenos,  he leído un pastiche de sus aventuras. Los motivos ajenos fueron su  autor   Carlos Pujol y la brevedad del libro. Dos cosas que suelo valorar. Se trataba de Los crímenes de San Gervasio, un divertimento, una pequeña aventura en la que Sherlock Holmes y el Doctor Watson vienen al entonces pequeño pueblo de San Gervasio, muy próximo a Barcelona, a resolver un caso.

Son muchos los escritores que con más o menos acierto se han aventurado a resucitar al  mítico personaje. Estos libros han estado en las mesas de novedades y algunos de ellos incluso se han quedado a dormir en las estanterías de la sección holmesiana de la librería. Salvo la excepción que les he contado, nunca han suscitado por mi parte el más ligero interés por su lectura.

¿Porque pues acabo de concluir la lectura de Tus magnífico ojos vengativos si se trata de un pastiche, de otra impostura del imaginario holmesiano?

Se lo voy a contar.

Por tres cosas. Porque su autor, Juan Ramón Biedma,  es uno de mis escritores cinco estrellas. Porque me interesaba saber cómo un autor como él reinterpretaría el Londres victoriano. Porque estaba segura de que Juan Ramón Biedma nunca nos propondría un hijo convencional de Conan Doyle.

Una vez concluida la lectura he acertado en las tres. Una extraordinaria novela. Un Londres más cercano al universo de Émile Zola que al de la Reina Victoria. Y un hijo muy, muy bastardo de mi muy apreciado autor escocés.

Después de confesarles mi cariño por Sherlock Holmes y todo su mundo ¿podré perdonarle a Juan Ramón Biedma su particular visión del enemigo acérrimo de mi detective,  del Profesor Moriarty, el hombre cuya maldad impregna todo Londres.Moriarty, el gran villano, el gran  malvado de la literatura victoriana. Incluso le permite travestirse en Sherlock Holmes y copiar sus métodos deductivos para destruir a Holmes. ¿Podré perdonarle a Juan Ramón Biedma que Sherlock Holmes no sea en la novela más que un actor secundario y que un incendio , provocado por Moriarty, le deje, nos deje, sin el mítico  221-B de Baker Street.

Moriarty del que sabíamos tan poco. Ahora Biedma nos descubre a un hombre luchando por su utopía. Un proyecto para que el que recauda fondos de manera ilícita (algo tan habitual en nuestros días), convencido de que el fin justifica los medios. Su costoso falansterio. Necesita  seguir manteniendo ese mundo autosuficiente y joven que ha creado en Suiza, lejos del cadáver putrefacto en que se ha convertido Londres. Muy cerca de la abrumadora catarata de Reichenbach, el maldito lugar por donde pronto se despeñaran abrazados los dos enemigos mortales.

¿Podré perdonarle a Juan Ramón Biedma que me destruya la ortodoxia holmesiana  entre el bien y el mal?

Sepan ustedes que a Juan Ramón Biedma se lo perdono todo, o casi todo,  porque he disfrutado las páginas de Tus magnífico ojos vengativos cuando todo ha pasadocon la misma fruición que antaño lo hacía. Su lectura me ha hecho regresar a la atmosfera de mis primeras lecturas de Sherlock Holmes. A la atmosfera de mis sueños.

En esta no hay mansiones campestres pero sí burdeles del inframundo y al dantesco Jardín Zoológico de Aclimatación Hagenbeck ,que al parecer existió de verdad. Sí hay una dama malvada de tradición holmesiana y  muertos azules que así apodan a los leprosos, mendigos en su mayoría, que duermen a la intemperie y que se comportan como zombis (estos personajes tan queridos para Biedma) en las calles de un Londres victoriano tenebroso, miserable y pútrido.

Y como en toda buena novela un personaje destaca sobre todos los demás. Cox, elrevientacadáveres. Un antiguo profesor de Filosofía del Derecho que ha terminado asaltando sepulturas para sobrevivir. Fantástico personaje e hilo conductor de la novela en la que una oleada de secuestros de niñas, algunas de ellas relacionadas con las primeras personalidades políticas, resulta ser sólo un signo más de la cadena de acontecimientos que amenaza con el desplome del país más importante del mundo. Una de esas niñas es la hija de Rambalda, la mujer que fue la causa del fin de la primera parte de la vida de Cox, la única que mereció la pena y cuyo reencuentro marcará nuevamente su miserable vida,  víctima de la manipulación de las clases más privilegiadas.

Pero no solo trata de malvados y  miserables el libro de Biedma,  también podemos encontrar datos interesantes como saber cuál fue el  best seller de la clase aristocrática de la época victoriana. Libro de etiqueta de Lady Gough,  el manual de usos y costumbres de toda familia puritana, que desaconseja explícitamente que se mezclen en una misma estantería libros escritos por hombres y por mujeres.

Cuando casi todo se hunde a nuestro alrededor siempre es de agradecer recordar que en algunos lugares del planeta las mujeres estamos mejor ahora que en la época victoriana.

  1. Para terminar una pequeña y cordial reprimenda para Juan Ramón Biedma, no todo pueden ser elogios. Conan Doyle necesitó menos de cien páginas para enamorar a sus lectores con Estudio en Escarlata.
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