Artículos de Paco para Francisco González Ledesma

Las calles se han quedado en silencio

 

Se ha ido uno de los suyos, o dos. Se ha ido el inspector Méndez, que nunca tuvo ganas de llegar a Comisario, y su creador, González Ledesma. Una calle no es nada sino está llena de historias con minúsculas, de silencios, de murmullos, de gritos de rabia y lucha. Eera la ciudad que compartíamos cuando leíamos las novelas de Méndez. Una ciudad que vive en las calles y no una ciudad que vive en los papeles urbanísticos, sucios de especulación. Méndez siempre nos habló de una ciudad de personas y nunca de una ciudad de consumidores.

Fue abogado, de empresa y de tribunales, y lo dejó, cuando le iba muy bien, para ser periodista, uno de los mejores, para contarnos lo más posible de la realidad que conocía. Cuando no pudo o no le dejaron contar la verdad, utilizó la novela negra para llegar a esa zona oscura de la realidad. Desde entonces, Méndez, su policía, con los bolsillos repletos de libros se convirtió junto a Pepe Carvalho en uno de los símbolos de la Barcelona que vive, lucha y siente.

publicado en El Periódico 2/03/2015

 

Ya nadie hablará de las calles y de sus gentes.

Conociendo a Méndez, queriendo a Méndez, creemos que lo ha hecho adrede. Él que no sabía utilizar un móvil, ni un ordenador (ni una pistola ni una tarjeta de crédito) nos ha dejado el día que se inauguraba el Congreso Mundial de los Móviles. Nos ha dejado el día que todo el mundo vociferaba sobre los millones ( de euros , Méndez, que hay que ponerse al día ) que el Congreso dejaría en la ciudad de los nuevos prodigios que Eduardo desde su soledad y dolor de hoy, no podrá describir.

Seguro que Méndez pensó en sus putas del Barrio Chino que tampoco se beneficiarán del Congreso Movil de la Ciudad Mundial, porque no son Callgirls, ni hablan inglés, y ellas sólo saben follar y escuchar y no practican “el maridaje de cuerpos”.

Pero González Ledesma ejerció desde siempre y hasta el último minuto lo que él creía que era el privilegio de los escritores: construir el alma de las ciudades, no la de los monumentos ni la de los Congresos, sino la de los anhelos y los sueños de las personas. Ël que había sido un niño jugando a adivinar donde caerían las bombas franquistas y fue aprendiendo en las calles de Poble Sec y del Barrio Chino, que no importaba si no llegaban los rayos de sol, pero había que conseguir unas miradas cargadas de solidaridad entre pobres, y por lo tanto de esperanza.

Desde Silver Kane y todos sus otros seudónimos, hasta el último seudónimo, Enrique Muriel, para firmar La Ciudad sin tiempo, en un juego trayéndonos el personaje de su primera novela importante censurada por “roja y pornógrafa” por los olvidados censores de la dictadura franquista. González Ledesma, construyendo una obra sólida dirigida siempre al lector, por encima de criterios académicos, o de críticos más o menos empingorotados. Su capacidad de describirnos su ciudad convirtiéndola en cualquier ciudad que ha sido amada y odiada, construida, por sus ciudadanos, por esa gente sin historia que no formarán parte de la Historia con mayúsculas.

González Ledesma, que proponía que en la Universidad nueva, donde una de las asignaturas fuera Aprender a soñar. Méndez que llevaba los bolsillos desfondados por el peso no de los móviles, ni las tabletas, sino por llibros. Méndez, que como su creador, no se cansaba de repetir que la salvación de su vida había sido leer incansablemente.

Un novelista y sus personajes seguirán viviendo siempre, mientras sus libros sigan estando en las estanterías de una librería o de una biblioteca, pero hoy queremos decir con rabia, que todos los que le hemos conocido echaremos de menos la sabiduría y la sonrisa, las palabras amables y entrañables de Paco Gonzalez Ledesma, el Jefe de la banda.

publicado en el diari Ara  2/03/2015

 

Las calles se han quedado solitarias.

 

Son las calles de Barcelona, pero pueden ser las de cualquier ciudad que ha ido perdiendo sus sonidos, sus silencios, sus señas de identidad. Hoy  se inaugura el Congreso Mundial de Móviles, hoy Barcelona, es una ciudad más pobre, más inculta, más desmemoriada. Ha perdido a uno de los suyos. Hemos perdido a dos de los nuestros. A Méndez, el inspector que nunca será comisario, y a su creador, Paco González Ledesma.

González Ledesma, calladamente, sin alharacas y con la educación y bondad que le caracterizaba, siempre estaba en el inicio. Fue de los primeros en conseguir que el dueño del rancho, el poderoso, no se quedará con la chica, la víctima. Estuvo en los primeros compases de la Semana Negra de Gijón, abrió camino para que fueran traducidos al francés otros autores negrocriminales, ganó el Primer Premio de Novela Negra de RBA, fue el primer premio Pepe Carvalho, fue…

 

¡Que duro es hablar en pasado, sabiendo que ya no contaremos con su sabiduría de hombre vivido y bueno¡ Nos hemos quedado sin aquél que nos contaba como nadie, oral o por escrito, las historias de la gente sin historia. En Negra y criminal siempre tendremos al autor, en sus libros, pero nos faltará él hombre, el que nos concedió el inmenso honor de considerarnos sus amigos.

publicado en el diario El Mundo   2/03/2015

 

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