RECUERDOS DE SAINT MALO, DIECISIETE AÑOS DESPUÉS

Desde Junín, en Argentina, rememoran un encuentro en la Bretaña francesa. Por ahí andaba también uno de los grandes, de los más Grandes, Jean Claude Izzo

Artículo publicado en La Verdad.

UN RECORDADO ENCUENTRO EN FRANCIA

Cuando la novela negra latinoamericana llegó a Europa

Escribe ISMAEL CANAPARO – Varios escritores argentinos participaron de un festival literario, que a tantos años de entonces significó un punto de partida para corsarios, piratas y escritores.

Todos mis amigos saben que tengo una especial debilidad por Osvaldo Soriano, a quien conocí una tarde en la redacción de Página/12, donde me metí haciendo tiempo para uno de los recitales del Nano Serrat en el Gran Rex. No lo esperaba encontrar, pero estaba allí, conversando con Adriana Schettini, una de las primeras en incorporarse al staff de Lanata, luego de lucirse en El Porteño. El Gordo me atendió como si me hubiese visto cientos de veces. Recuerdo que se interesó en saber, en especial, cómo funcionaba el periodismo del interior, mientras Julio Nudler (otro fantástico periodista) lo apuraba para que entregara una nota.

Pues bien, frecuentando cosas de Soriano, ahora que su adorado San Lorenzo está cerca del campeonato, tropecé con apuntes de un encuentro de narradores argentinos, en el marco del séptimo festival internacional de Literatura, que se celebró a fines de mayo de 1996 en Saint-Malo, el mítico puerto francés, con la presencia de Adolfo Bioy Casares, Enrique Medina, Osvaldo Soriano, Rolo Diez y Gregorio Manzur, como invitados de honor, junto a colegas de Irlanda, como así también el mexicano Paco Ignacio Taibo II, los chilenos Francisco Coloane y Luis Sepúlveda, y el cubano Jesús Díaz. Para la crítica del lugar, esta reunión fue la confirmación de la “vuelta” de los escritores latinoamericanos a Francia, pero ya no como un coletazo de boom sesentista, sino con un nuevo perfil más consustanciado con la novela negra y de fuerte contenido social.

Michel Le Bris, el creador del festival, explicó que lo de Saint-Malo “nació de una insatisfacción y de un deseo: me sentía extranjero a los gustos literarios de moda en Francia, a la estética dominante. Mi imaginario se desarrolló más bien en el universo anglosajón y céltico, toda una literatura considerada como menor en París. Entonces, en vez de cocinarme a fuego lento en la frustración, elegí el combate. Empecé intentando darle a Stevenson su verdadera estatura, a quien se había publicado en malas ediciones y clasificado luego como un escritor para niños. Después me propuse hacer descubrir al público francés a los clásicos de esta generación, como Bioy Casares, Soriano, Sepúlveda y Medina, entre otros. Así nació la idea de convocarlos a todos aquí”.

El festival de Saint-Malo se abrió con un gran debate sobre el Che Guevara, siguió con uno sobre el remanido tema de “hacia dónde va la literatura latinoamericana y otras dos discusiones fuertes acerca de los caminos del exilio y la irrupción de una narrativa latinoamericana dominada por la temática de la novela policial: “La novela negra, la vuelta de los latinos”. En el medio, se registró encuentros entre el público y los autores, firmas de libros y una emocionante intervención de El Gordo Soriano, que dejó a los franceses con la sensación de haber estado hablando con un dios irónico y sencillo.

Los debates atrajeron a un enorme público, que a menudo presenció las ásperas discusiones con aplausos. El mexicano Paco Ignacio Taibo hizo un conciso retrato de la narrativa latinoamericana y el porqué de su resurgimiento. Taibo reconoció “que los escritores latinoamericanos de hoy no conocen sus respectivas obras, como ocurría antes. Esto se debe al hecho de que La Habana desapareció como centro de reunión y también a causa de que el gran centro que fue Barcelona desapareció y los grandes grupos editoriales, Planeta, Grijalbo, Mondadori y Norma, se implantaron localmente en cada país, pero sin ambición de que un libro argentino circulara en México o caracas y viceversa”. Osvaldo Soriano coincidió con esa explicación y contó que hace 20 años hubiese sido impensable que él mismo recién conociera personalmente a Paco Taibo en Saint-Malo. “No pensé que eras pelado, me dijo Taibo cuando me abrazó. Te hacía con cabellera más larga”.

El azteca, cuyo sentido del humor y de la provocación son una leyenda en las discusiones públicas, lanzó el debate hacia otras latitudes, cuando resumió la paulatina desaparición de una literatura que sólo se había propuesto la forma y la búsqueda de la palabra por la palabra misma, sin historia. Dijo que los franceses aprendieron a descubrir la literatura latinoamericana, con la novela “El viejo que leía novelas de amor” (Luis Sepúlveda) o con trabajos de Soriano, Rolo Diez, Medina, Sasturain o Juan Carlos Martini.

“La técnica ahora está al servicio de una historia y no del alma del escritor”, afirmó el crítico francés Albert Benssousan, agregando que “la literatura negra, la de Sasturain y la de Taibo, por ejemplo, tiene esa dimensión”. La novela negra adquirió en el encuentro de Saint-Malo una proyección inesperada, sostenida por un público que, de hecho, ya la había proclamado como el género que reintroduce a los autores latinoamericanos en Europa.

Pero el tema central del festival fue la recuperación del “arte de narrar”, como camino estético. En este sentido, la palabra la tomó Soriano, quien coincidió con el criterio de Taibo, “pero siempre y cuando no se lo lleve al extremo. Es decir, sin que esto inhiba otras posibilidades, porque todas son buenas. Pero la corriente va en ese sentido: los narradores son los que hoy tiene la palabra, después de una década de experimentaciones que los lectores no siguieron”.

Fueron viajeros o exilados

La historia personal de muchos de los escritores presentes aquella vez en Saint-Malo, hace ya diecisiete años, tiene a menudo un lugar común. Casi todos ellos pasaron por una experiencia de viajeros o exilados. Son, como lo señalaba el crítico Claude Couffon, descendientes de “algún gran viaje, que han elaborado su literatura con elementos de más de un país”. Se trata de una literatura de escritores que, por diferentes razones, se fueron de sus países y ahora vuelven con una narrativa elaborada en un contexto cosmopolita y sellada por el éxito que se ha convertido en una realidad, tanto narrativa como editorial.

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