Barcelona Negra

Editorial La Vanguardia lunes 4 de febrero 2013

Barcelona negra

Desde el pasado viernes y hasta el próximo sábado se está celebrando en Barcelona una nueva edición de BCNegra. Este evento convoca a escritores de diversas latitudes y a los amantes locales de la novela policiaca a un denso programa de actividades. El objetivo de todos ellos es festejar un género literario que goza de muy buena salud y no deja de sumar nuevos seguidores.

Antaño considerado como un género menor o, al menos, segregado de la alta literatura, el policiaco desafía clasificaciones gracias a un vigor a prueba de cualquier crimen. Es cierto que ha conocido épocas en las que los modelos literarios parecían agotados. Pero siempre ha renacido. Basta consultar a ciudadanos de distintas generaciones para constatar que todos tienen su particular Parnaso negro. Autores norteamericanos como Raymond Chandler o Dashiell Hammett gozan desde mediados del siglo pasado del estatuto de clásicos, como también lo disfruta el belga Georges Simenon. Los primeros, merced a un universo detectivesco que el cine se encargó de divulgar. Simenon, con una novela caracterizada por su talento natural como narrador y su revelador retrato de los personajes. Patricia Highsmith dio después una vuelta de tuerca a la especialidad con su serie Ripley, cuyo asesino ya no pertenecía al submundo delictivo, sino que se relacionaba con las peores pulsiones del hombre de la calle. En los últimos decenios, han aparecido nuevos y muy diversos autores de culto, de Andrea Camilleri a Dennis Lehane, al tiempo que se producía un fenómeno de vinculación de la novela negra a diversas tradiciones nacionales. Por ejemplo, la serie Millennium, del sueco Stieg Larsson, que rebasó las fronteras del género para convertirse en un desbordante fenómeno de masas.

La vigencia de la novela policiaca, del thriller, se debe a sus constantes, que perviven en cualquier época: un ritmo narrativo vivo, dosis de suspense, buena carpintería estructural y afinados retratos psicológicos. Estas constantes -que, por cierto, comparte también a veces la mejor literatura- se complementan con la capacidad para reflejar su época. La novela negra ha dejado de ser un formato de referentes inalterables, de escenarios de repertorio, para acompasarse a la continua evolución de las sociedades y de los tiempos.

Contrastado, pues, el vigor de la novela negra, y considerando la densidad de sus legiones de seguidores y, en un caso como el de Barcelona, la tradición y la potencia de la industria editorial local, parece oportuno concluir dando la más calurosa bienvenida a los programas que BCNegra impulsa estos días en la ciudad.

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